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«La Cumparsita»

Es sin lugar a dudas el Tango más difundido, el que toda persona reconoce cualquiera sea su versión, el que se utiliza para representar al género, el más grabado en la Argentina y en el resto del mundo […]


«La Cumparsita” fue inicialmente una marchita, compuesta por el joven estudiante de arquitectura Gerardo Hernán Matos Rodríguez en una fecha incierta, que podemos ubicar entre fines de 1915 y principios de 1916, para la comparsa de carnaval organizada por la Federación de Estudiantes del Uruguay.

En abril de ese año, los amigos de él joven Matos Rodríguez, le acerca partitura, garabateada sobre papel pentagramado por Carlos Warren, con la esperanza de que al director y pianista Roberto Firpo, con la esperanza de que el autor de “El amanecer” la incluyera en su repertorio. En esa época, dirigía su cuarteto (integrado por Agesilao Ferrazzano y Cayetano Puglisi a los violines y Bachicha al bandoneón), en el Café La Giralda, corazón tanguero de la ciudad de Montevideo (capital de Uruguay).

El maestro accedió a tocarlo pero, previamente, hizo una nueva versión. Según el propio Firpo, «La Cumparsita» tenía solamente como característica armónica, la primera parte y que tomó una de su Tango «La gaucha Manuela» y le insertó a la marchita como Trío (tercera parte), añadiéndole también un tramo de la opera «Miserere” de Giuseppe Verdi. Es decir le agregó un contracanto de violín que le ponía cierta atmósfera melancólica a los compases elaborados por el compositor. El propio Firpo le propuso firmar el Tango en colaboración, pero el joven estudiante, todavía menor de edad, se negó rotundamente.

Pero, como quiera que fuese, don Roberto lo presentó en el bar “Iglesias” de Buenos Aires, y lo llevó al disco en 1916, más o menos simultáneamente con el cuarteto de Alonso-Minotto y el conjunto de Juan Maglio (Pacho). La de Roberto Firpo, seguramente la primera, por el número de disco, un Odeón 483. La segunda, la de Juan Maglio (Pacho), del sello ERA, cuyos discos se prensaban en Porto Alegre (Brasil), desde 1915 a raíz de la primera guerra mundial, por ser el quinto registro de una serie de veintiséis temas iniciada en 1916. y, a fines de ese año recién, la de Alonso-Minotto

El historiador Héctor Ernié es en definitiva, el que descubre que la primera partitura de «La Cumparsita» se editó en Montevideo en la casa Arista y Lena, en el año 1916 y al año siguiente en Breyer Hermanos de Buenos Aires, empresa a la cual Matos Rodriguez le vendió los derechos de autoría (representante de la Casa Ricordi en Argentina).

 


En 1924, «La Cumparsita» era un tema olvidado! Según el parecer de Marambio Catán por carecer de letra, no era ejecutado por las orquestas de entonces que acompañaban el auge del llamado Tango-Canción. Pero ocurrió un hecho que vuelve a ponerla en circulación. El 6 de junio de ese año, la Compañía de Leopoldo Simari estrenó en el viejo teatro Apolo una obra de Contursi y Maroni titulada “Un programa de cabaret». Sin la autorización de su compositor, le pusieron versos y un nuevo nombre: “Si supieras”. Para esos años no había obras teatrales de cuño popular que no incluyera el estreno de uno o dos Tangos para asegurarse el éxito del público. En el Cuadro Segundo de esta obra, el cantor Juan Ferrari cantó por primera vez los versos compuestos por ambos autores sobre la música de La Cumparsita. 

Después, la grabó Gardel ese mismo año en Buenos Aires y cuatro años más tarde en Barcelona.

En 1926, el compositor Matos Rodriguez al enterarse del éxito de su composición, le causó la furia que originó un juicio que recién se resolvió en el año 1948. Los juicios a la casa Ricordi (Breyer), iniciadas por el Dr.Calatayud, comienzan porque al vender G.M.Rodriguez los derechos (era menor de edad) y ésto da pie a los años de litigios que vendrían a posterior. De ésta forma decide deshacer la venta de sus derechos a Breyer Hermanos. El dato es importante, ya que unos meses después, gracias a esa circunstancia, éste los recuperó.
Luego el compositor le puso otra letra y obligó a la editorial a su publicación oficial. Luego, ésta nueva letra, fue depositada en la Biblioteca Nacional el 9 de noviembre de 1926, fue llevada al disco por el cantor Roberto Díaz con la orquesta Los Provincianos. 

 Esta variante es recogida por el tenor Tito Schipa, quien la graba en el año 1930. Muchos años pasaron para que Ángel Vargas, con la orquesta de Ángel D’Agostino, hiciera lo mismo el 2 de noviembre de 1945.

Pero lo cierto es que la letra del dúo Contursi-Maroni, es mayormente reconocida, a la de su compositor y en definitiva, fue la que trascendió holgadamente el paso del tiempo. También se escribieron otras letras que han pasado al olvido, como  las de: Alejandro del Campo, Augusto y Mario Delfino, la norteamericana Olga Paul (en 1937) por la casa editora Edward B. Marks Music Corporation de Nueva York bajo el título de ‘The masked one» (La Mascarada). Dice Selles que en la partitura consta también el título original de Matos Rodríguez. La letra repite sospechosamente- el mismo argumento de «Siga el corso» de Aieta y García Jiménez.

 

Canaro comenta que al poco tiempo de estrenada «La Cumparsita», él la ejecuta con su orquesta, pero que tuvo un éxito efímero, y dice textualmente: «Pero lo curioso es que al tiempo se repuso en los repertorios, se reestrenó, como se dice en jerga teatral; volvieron a ejecutarlo las orquestas de moda, se hicieron nuevas grabaciones de discos, la empezó a cantar Gardel como uno de sus números predilectos y continuaron difundiéndola cancionistas y cantores. Y así comenzó una nueva era para el inspirado Tango, que in crescendo, fue reafirmando su popularidad y su éxito y alcanzó una difusión y una asombrosa preponderancia sobre los demás Tangos de su época, constituyendo un suceso sin precedentes que todavía se mantiene en pleno apogeo, incluida en el repertorio de todas las orquestas típicas. Impuesto también en París y en los más importantes centros de Europa y de América.»

Así, por ejemplo: las seis versiones de Juan D’Arienzo, entre los años 1928 y 1971, son diferentes, destacándose la registrada el 10 de diciembre de 1963, que es la más rítmica y lograda; Piazzolla, pese a haberla denostado, la grabó cuatro veces, la primera, en un acetato que no salió a la venta con su orquesta típica de 1946. La segunda, un disco T.K. 78 rpm en 1951. La tercera en 1957 con la orquesta de cuerdas para el sello Music Hall. La última, en el año 1967, con una gran orquesta para el sello Polydor. Alberto Mancione, el 13 de junio de 1952—, que fue premiado en Tokio como la mejor versión de ese Tango.
«La Cumparsita» también llegó al cine. En 1947 se estrena la película dirigida por Antonio Monplet, con el nombre del Popular Tango, con la participación estelar de Hugo del Carril. Fue además el título que le pusieron en España al film «Canción de arrabal», de Enrique Carreras del año 1961.

Muerto Pascual Contursi el 16 de marzo de 1932, su viuda, Hilda Briano y Maroni iniciaron acciones legales por daños y perjuicios contra Matos Rodríguez por reconocimiento de derechos como coautores de la obra en cuestión. Fue un larguísimo pleito que se resolvió cuando también Matos había muerto. El 10 de setiembre de 1948 Francisco Canaro emitió su laudo arbitral al que se habían sometido finalmente las partes quedando zanjadas las cuestiones referentes a los porcentajes por derechos de ejecución, fotomecánicos y de inclusión en películas. También se determinó que en las futuras ediciones de «La Cumparsita» deberían registrarse las dos letras referidas, con exclusión de las de cualquier otro autor. 

Finalmente, esta obra tan especial por su espectacular difusión, incomparable en número al resto de los Tangos es, eminentemente instrumental, en apariencia sencilla pero que contiene una melodía atrapante y bella, que posee la peculiar condición de recrearse permanentemente, en una suerte de simbiosis, conforme sea la personalidad musical de su eventual intérprete.

Dijo su compositor:

«Creo que nunca pude hacer otro Tango igual… 
Más adelante compuse otros Tangos y otras músicas, algunos quizás mejores que el primero. Pero éste (La Cumparsita) encierra un mundo de ilusiones y de tristezas, de sueños y de nostalgias que solo se viven a los veinte años. Fue un momento mágico. Y mágico fue su destino.

 

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